Como buen emprendedor, tengo un buen historial de fracasos y múltiples intentos fallidos de crear productos y startups. No nos engañemos: el éxito es una sucesión de fracasos. Simplemente éstos se van encadenando, hasta que de repente una idea cuaja. Simple y llanamente funciona, triunfa. Pero para llegar hasta ahí se necesita de un camino de aprendizaje, hecho de errores y fracasos. Esta serie de artículos pretende repasar algunos de mis fracasos más estrepitosos, precisamente aquello de que a la gente no le gusta hablar. Empecemos:

Pretendiendo hacerle la competencia a Roomba (la marca de robots aspiradores)

A estas altura de siglo XXI, creo que todo el mundo sabe lo que es un robot aspirador Roomba (aquí más información). Bien, pues resulta que mi proyecto de final de carrera era un pequeño robot controlado con una Raspberry Pi que era capaz de reconocer una estancia y moverse de forma autónoma y eficiente a través de ella. Básicamente funcionaba con una pequeña torreta láser móvil (360 grados de movilidad) que mapeaba el entorno. La información era procesada por la Raspberry Pi, que a su vez creaba un mapa virtual de la estancia y la recorría de forma ordenada y sistemática.

Su comportamiento, no os voy a mentir, era modélico. Funcionaba realmente bien. Detectaba obstáculos, no chocaba, aún acercándose mucho a ellos, y su patrón de movimiento lineal en zig-zag cubría toda la superficie.

Visto el éxito de mi robot mapeador y lo caóticos que eran los Roomba cuando se trataba de mapear y recorrer una habitación, me dije: “hey, puedes crear un robot aspirador mucho mejor que los Roomba”. El primer paso fue buscar un par de compañeros de curso a los que embauqué para que formaran parte de mi proyecto (gracias otra vez, Manuel y Susana). Manuel era experto en diseño industrial, así que él se encargó del diseño del sistema de cepillos y aspiración. Susana, que tiraba más por el lado del software, diseñaría conmigo todo el sistema de algoritmos y la “inteligencia” del robot.

Pronto nos dimos cuenta que nos habíamos metido en un negocio que, por nuestra limitada experiencia y escasos recursos, difícilmente podríamos abordar como era preciso. Sólo hacía falta ver el alcance de nuestro hipotético competidor directo, Roomba: llevaban años haciendo robots para ejércitos de medio mundo e incluso habían colaborado con la nasa. Nos dimos cuenta que necesitaríamos un equipo mucho más grande para desarrollar el producto que deseábamos y, lo que aún es más importante, una inversión mínima de 1M de dólares.

Ser conscientes de ello nos desanimó. ¿Realmente nos queríamos embarcar en un negocio de dicha envergadura habiendo apenas acabado la carrera? Su complejidad y los miedos propios de los veinteañeros nos abrumaron. El proyecto acabó, simple y llanamente, muriendo, aún habiendo hecho importantes avances en el tema del diseño y del software que lo controlaría.

¿Y la moraleja?

No puedo saber qué habría sido de nuestro proyecto si hubiéramos tenido valor suficiente (e inversor) para tirarlo adelante. Sin embargo, desde aquél fracaso que he aprendido a medir bien dónde me meto y a ser consciente de mis limitaciones. Cuando uno es joven se cree capaz de todo, pero la realidad lo acostumbra a llevar de nuevo a ras de suelo. Y con esto no quiero decir que soñar a lo grande sea malo, ni mucho menos. Pero los grandes sueños implican grandes sacrificios y riesgos. En aquella época, para nosotros, hubiera implicado arriesgarnos mucho, aún sin tener la experiencia necesaria, además, de poner en peligro el dinero de un hipotético inversor. Hubiera implicado dedicar la totalidad de nuestro tiempo a dicho proyecto, eliminando la vida social y demás aspectos de la vida que no fueran trabajo. Sin embargo, que nosotros no pudiéramos, o quisiéramos, no significa que tu no puedas.

  1. Manuel
    Jul 16, 2015

    “Experto en diseño industrial”? Gracias por el cumplido pero a esas alturas creo que no pasaba de joven con mucha fantasía! De todas formas, felicidades por el blog y gracias por mencionarme Álvaro 🙂
    Un abrazo!

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    • Álvaro
      Jul 16, 2015

      Jajaj… Has acabado siendo un experto Manuel, que es lo que cuenta. Gracias por pasarte por aquí. Un abrazo 🙂

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